"Entra, desconocido, pero ten cuidado con lo que le espera al pecado de la codicia, porque aquellos que toman, pero no se lo han ganado, deberán pagar en cambio mucho más, así que si buscas por debajo de nuestro suelo un tesoro que nunca fue tuyo, ladrón, te lo hemos advertido, ten cuidado de encontrar aquí algo más que un tesoro..."

lunes, 17 de octubre de 2011

LAS LÁGRIMAS DE UNA FLOR

En el silencio de un enorme jardín, una hermosa flor llora. Brillantes y perladas lágrimas recorren sus dorados pétalos, para caer pesadamente en el verde pasto que todo lo rodea.

Le han mentido, y eso le duele, saberse engañada durante tanto tiempo, por alguien sin corazón, un iluso, un embaucador, un tonto. Toma demasiado en serio las palabras de aquellos que solo quieren herirla, y eso la lastima, la debilita, la mata.

“¿Por qué lloras, bella flor?” una voz suave le pregunta. “Por despecho, me han mentido”, responde con dificultad. Le cuenta toda su historia, y él la oye con atención, sin interrumpirla y con extrema paciencia.

“Has de hacer oídos sordos a palabras tan idiotas, has de ignorar a aquellos que lo único que buscan es lastimarte y verte sufrir. Deberías saber que esas palabras son vacías, pues eres maravillosa, la más hermosa del jardín, brillante como una gema, radiante como el mismo sol, y aquel que no sepa verlo tarde o temprano se arrepentirá. No llores más, no vale ni una sola de esas lágrimas”.

Buscando con sus palabras devolverle el ánimo y la sonrisa a la triste flor, le dice por último, antes de marcharse:

“No hay nada más triste que ver a una hermosa flor marchita, derrochando las gotas de rocío, dejándolas caer, cuando debería tomarlas para crecer y florecer. Nadie que te valore te hará sentir mal, y quien no te valore, tus lágrimas no merece. Si me necesitas, búscame y yo vendré, pues contigo siempre estaré, en los buenos y malos momentos, mi vida compartiré”.

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