"Entra, desconocido, pero ten cuidado con lo que le espera al pecado de la codicia, porque aquellos que toman, pero no se lo han ganado, deberán pagar en cambio mucho más, así que si buscas por debajo de nuestro suelo un tesoro que nunca fue tuyo, ladrón, te lo hemos advertido, ten cuidado de encontrar aquí algo más que un tesoro..."

viernes, 24 de junio de 2011

TELARAÑA

Teje, teje, laboriosa y entusiasmada, una pequeña araña negra una fría red de dolor. ¿En dónde teje? ¡Oh, en lo más recóndito y profundo de mi alma!

Lentamente, con precisión y finura, con arte y talento, enhebra formas, describe momentos, dibuja desilusiones, escribe historias sin fin, o sin final feliz.

¡Desdichado! ¿Quién es ella? Se preguntan en el entorno. Ella es, quien sea, quien robó un corazón para nunca devolverlo, para luego destrozarlo, con validez, si, pero no por eso con menos maestría, no por eso se hace más soportable.

“Quiero creer” fue la frase que cegó un par de ojos que buscaban más allá del horizonte, un mundo de felicidad eterna que lo hacía sonreír de oreja a oreja. Esos días acabaron tan rápido como empezaron, por razones conocidas, entendidas, comprendidas, aunque muchas cuestiones quedaron flotando en el limbo, carentes de respuesta, carentes de sentido.

Hila y teje, dicha araña, una tela oscura cada vez más amplia, llena de desdicha, de desalientos, de objetivos truncos, de esfuerzos vanos. Entregar hasta el punto máximo no fue la respuesta, no fue la solución, y la tranquilidad de haber hecho el mejor esfuerzo no es tal, sabiendo que todo sirvió únicamente para fracasar una vez más.

Ese par de ojos cegados hoy se nublan, cautivos de una neblina densa que no deja espacio a los sentidos, sino que los aletarga, los duerme, los golpea y los aplasta, dejándolos abatidos. Esos ojos nublados no ven más allá del dolor, y el marchito y roto corazón hoy late más lento que nunca.

Firme en su puesto, la vil araña completa su obra. Orgullosa, da un paseo de reconocimiento, tanteando la resistencia y la densidad de su sombría red. Es perfecta, impenetrable, sólida, digna de un maestro.

Feliz con su trabajo, se da media vuelta, y no conforme con haber atrapado de una forma tan cruel y despiadada la quebrada alma, avanza lentamente y, con parsimonia, se aloja para siempre en el débil corazón.

Lo que una vez fue rojo, hoy es negro, negro como la noche, como la boca del lobo. Lo que una vez estuvo vivo, hoy está muerto. Lo que una vez fue, hoy ya no es más. La historia que empezó, hoy, terminó.

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